lunes, 30 de abril de 2007
viernes, 27 de abril de 2007
martes, 17 de abril de 2007
miércoles, 11 de abril de 2007
Primer día facultativo
tengo mi guardapolvito blanco
mis guantes
proximamente mi pincita
y yo no les puedo explicar el cagaso que tengo.
pero terrible eh.
empezamos con el pie izquierdo (voy sabiendo menos de un cuarto de lo que tendría que saber). esperemos que esta vez ser zurda me sirva de algo.
un espejo de Tatiana Julia Verrastro Slaibi - 12:06
lunes, 9 de abril de 2007
Pegarle a un maestro
Lo sabe un chico de cuatro años, de salita celeste, que ni siquiera sabe hablar correctamente.
Lo sabe un chico de seis años, que ni siquiera sabe escribir.
Lo sabe un chico de doce años, que desconoce todas las materias que le deparará el secundario.
Lo sabe un adolescente de diecisiete años, aunque sea la edad de las confusiones, la edad en la que nada se sabe con certeza.
Lo saben sus padres.
Lo saben sus abuelos.
Lo sabe el tutor o encargado.
Lo saben los que no tienen estudios completos.
Lo sabe el repetidor.
Lo sabe el de mala conducta.
Lo sabe el que falta siempre.
Lo sabe el rateado.
Lo sabe el bochado.
Lo sabe hasta un analfabeto.
No se le pega a un maestro.
No se le puede pegar a un maestro.
A los maestros no se les pega.
Lo sabe un chico de cuatro años, de seis, de doce, de diecisiete, lo saben los repetidores, los de mala conducta, los analfabetos, los bochados, sus padres, sus abuelos, cualquiera lo sabe, pero no lo saben algunos gobernadores.
Son unos burros.
No saben lo más primario.
Lo que saben es matar a un maestro.
Lo que saben es tirarles granadas de gas lacrimógeno.
Lo que saben es golpearlos con un palo.
Lo que saben es dispararles balas de goma.
A los maestros.
A maestros.
Lo que no saben es que se puede discutir con un maestro.
Lo que no saben es que se puede estar en desacuerdo con lo que el maestro dice o hace.
Lo que no saben es que un maestro puede tener razón o no tenerla.
Pero no se le puede pegar a un maestro.
No se le pega a un maestro.
A los maestros no se les pega.
Y no lo saben porque son unos burros.
Y si no lo saben que lo aprendan.
Y si les cuesta aprenderlo que lo aprendan igual.
Y si no lo quieren aprender por las buenas, que lo aprendan por las malas.
Que se vuelvan a sus casas y escriban mil veces en sus cuadernos lo que todo el mundo sabe menos ellos, que lo repitan como loros hasta que se les grabe, se les fije en la cabeza, lo reciten de memoria y no se lo olviden por el resto de su vida; ellos y los que los sucedan, ellos y los demás gobernadores, los de ahora, los del año próximo y los sucesores de los sucesores, que aprendan lo que saben los chicos de cuatro años, de seis, de doce, los adolescentes de diecisiete, los rateados, los bochados, los analfabetos, los repetidores, los padres, los abuelos, los tutores o encargados, con o sin estudios completos:
Que no se le pega a un maestro.
No se le puede pegar a un maestro.
No debo pegarle a un maestro.
A los maestros no se les pega.
Sepan, conozcan, interpreten, subrayen, comprendan, resalten, razonen, interioricen, incorporen, adquieran, retengan este concepto, aunque les cueste porque siempre están distraídos, presten atención y métanselo en la cabeza: los maestros son sagrados.
Mex Urtizberea
un espejo de Tatiana Julia Verrastro Slaibi - 22:51
miércoles, 4 de abril de 2007
La niña que iluminó la noche (cuento para leerse en voz alta)
Había una vez un muchachito a quien no le gustaba la Noche.
Le gustaban
linternas y lámparas
y
antorchas y alumbrados
y
faros y faroles
y
velas y velones
y relumbrones y relámpagos.
Pero no le gustaba la noche.
Se lo veía en
salones y sótanos
y despensas y desvanes
y
alcobas y alacenas
y
escurriéndose por los corredores.
Pero nunca se lo veía afuera…
en la Noche.
No le gustaban para nada las llaves de luz.
Porque las llaves de luz apagaban
las lámparas amarillas
las lámparas verdes
las lámparas blancas
las lámparas del vestíbulo
las luces de la casa
las luces de todas las habitaciones.
Él nunca tocaba las llaves de luz.
Y jamás salía a jugar
en la oscuridad.
Siempre estaba muy solo.
Y muy triste.
Pues veía, desde su ventana,
a los otros chicos jugando sobre el césped
en las noches de verano.
Los veía corriendo felices allá afuera
de la oscuridad a la luz.
Pero nuestro muchachito ¿dónde estaba?
Arriba en su cuarto.
Con sus linternas y lámparas
y faroles
y candeleros y candelas.
Completamente solo.
A él únicamente le gustaba el sol.
El amarillo sol.
A él no le gustaba la Noche.
Cuando llegaba el momento
en que papá y mamá recorrían la casa
apagando todas las luces…
Una a una.
Una a una.
Las luces de la entrada
las luces del salón
las pálidas luces
las rosadas luces
las luces del a despensa
las luces de la escalera…
Entonces el muchachito se metía en su cama.
Tarde en la noche
el niño desdichado
tenía en el pueblo
el único cuarto iluminado.
Y una noche,
mientras papá estaba de viaje
y mamá se acostó temprano,
el muchachito empezó a vagar solo,
completamente solo por la casa.
¡Ah, cómo ardían las luces!
¡Las luces de la entrada
las luces del vestíbulo
las luces de la despensa
las pálidas luces
las rosadas luces
las luces del salón
las luces de la cocina!
¡Hasta las luces del desván!
¡Toda la casa parecía haberse incendiado!
Pero el muchachito todavía estaba solo.
Entretanto los otros chicos,
allá lejos
jugaban sobre los prados en la noche de verano.
Riendo.
Muy lejos.
¡De repente escuchó
un golpe en la ventana!
Algo oscuro estaba ahí.
Un golpe en la puerta de entrada.
¡Algo oscuro estaba ahí!
Un golpe en la puerta trasera.
¡Algo oscuro estaba ahí!
De pronto alguien dijo: -¡Hola!
Una niña estaba ahí en medio de
las luces blancas, de las brillantes luces,
de las amarillas luces, de las luces de maravillas.
- Me llamo Negra –dijo.
Ella tenía el pelo negro
los ojos negros
y llevaba un vestido negro
y zapatos negros.
Pero su rostro era tan blanco como la luna.
Y sus ojos brillaban
como la luz de las blancas estrellas.
-Estás muy solo –dijo ella.
-Me gustaría correr con los chicos afuera –dijo el muchachito-. Pero no me gusta la Noche.
-Yo te presentaré a la Noche –dijo Negra-.
Y ustedes serán amigos.
Ella apagó la luz de la entrada.
-Ves –le dijo-. No estoy apagando la luz.
¡No, de ningún modo!
Simplemente estoy encendiendo la Noche.
Se la puede encender o apagar
igual que una lámpara
con la misma llave de luz.
-Nunca se me había ocurrido eso –dijo el muchachito.
-Y cuando se enciende la Noche –dijo Negra-,
por supuesto que también se encienden los grillos…
¡Y las ranas!
¡Y las estrellas!
¡Las luminosas estrellas
las estrellas titilantes
las verdaderas estrellas
las estrellas azules!
¡El cielo es una casa
con sus luces de entrada
y luces en el salón
luces rosadas y pálidas luces
luces rojas
verdes luces
luces azules
amarillas luces
resplandores
todas las luces!
¿Quién puede escuchar a los grillos con las luces encendidas?
Nadie.
¿Quién puede escuchar a las ranas con las luces encendidas?
Nadie.
¿Quién puede ver las estrellas con las luces encendidas?
Nadie.
¿Quién puede ver la luna con las luces encendidas?
Nadie.
¡Fijate cuánto has perdido!
¿Pensaste alguna vez
alumbrar los grillos,
alumbrar las ranas,
alumbrar las estrellas
y la gran luna blanca?
-No –dijo el muchachito.
-Entonces, trata de hacerlo –dijo Negra.
Y ellos lo hicieron.
Subieron y bajaron las escaleras,
encendiendo la Noche.
Encendiendo la oscuridad,
dejando que la Noche viviera en cada habitación.
Como una rana.
O un grillo.
O una estrella.
O una luna.
Y ellos encendieron los grillos.
Y ellos encendieron las ranas.
Y ellos encendieron la blanca luna semejante a un helado.
-¡Oh, cómo me gusta esto! –dijo el muchachito-.
¿Puedo encender siempre la Noche?
-¡Por supuesto! –dijo Negra, la niñita.
Y desapareció.
Ahora el muchachito es muy feliz.
Le gusta la Noche.
¡Tiene una Noche encendida en lugar de una luz encendida!
Le gusta encenderla.
Ha tirado sus linternas
sus lámparas
sus velas
sus velones.
En cualquier noche de verano que quieras,
podrás verlo.
Encendiendo la blanca luna,
encendiendo las rojas estrellas,
encendiendo las azules estrellas,
las verdes estrellas, las luminosas estrellas,
las blancas estrellas,
encendiendo las ranas, los grillos y la Noche.
Y corriendo en la oscuridad
sobre los prados
con los chicos felices…
Riendo.
un espejo de Tatiana Julia Verrastro Slaibi - 21:13
martes, 27 de marzo de 2007
esto de reflejarme a mi misma
a veces, cuando soy flor, me ahogás en mis ventanas a la luna
un espejo de Tatiana Julia Verrastro Slaibi - 00:58
viernes, 23 de marzo de 2007
Volví. Ahora a no olvidar.
No olvides que una vez tu fuiste sol, no olvides ni la tapia ni el laurel, no dejes de asombrarte al asistir a un nuevo nacimiento en tu jardín. No pierdas una ventana, no entregues tus mañanas de aguaceros y juegos, ni desentierres tesoros viejos. No ocultes lo que ayer se te ofreció, no escondas ni la pena ni el dolor, no dejes que una nube diga adiós, no saltes en pedazos, no ocultes tu diamante,
ni tu incansable caminar.
Vete de nuevo hasta el arroyo donde esta tu mejor canto.
Y ve, desata esos diques de corrientes presas, déjate llevar y vuelve a ser jinete, baja hasta tus valles de palomas sueltas, que este es tu país, donde están tus riendas, donde esta tu espuma, donde abandonaste tu camino entonces,
donde naufragaste haz crecer mil rosas,
y no olvides que una vez tu fuiste sol.
un espejo de Tatiana Julia Verrastro Slaibi - 21:07
jueves, 22 de marzo de 2007
hoy el agua no fue luna. ni sol. hoy el agua no fue reflejo de nada ni de nadie. fue agua. agua verde. agua que le abría paso a un pez. a un pez verde.
un espejo de Tatiana Julia Verrastro Slaibi - 22:38
domingo, 18 de marzo de 2007
la ignorancia no me guarda ningún secreto
que noche bariloche
primer noche en baires
sólo tengo para decir que:
- cené con Raúl Carnota, Juan Quintero y Luna Monti
- que cuando me muera quiero que pongan mis cenizas en una piñata
- que soy muy muy feliz
(todo lo anterior excepto lo de primer noche en baires se aplica también a Fede)
* ah!! y tengo Dentro, el silencio de Luna que no lo conseguía. Y me lo dio. Y lo estoy escuchando. Y son tan feliz
un espejo de Tatiana Julia Verrastro Slaibi - 02:44
martes, 13 de marzo de 2007
¿dónde me iré a esconder? (soy un shá en el desierto)
tengo tanto miedo... y me atolondro toda y se me mezclan las cartulinas y los cuadrados se me cortan torcidos y la armo, pero te me escapás por todos lados, vos, vos, que sos el que tiene que ir en la mejor cajita. y te guardo y te me escurrís porque sos agua como yo, y no han de acorralarte mis manos, y lloro tanto y me voy y vos te quedás. y yo no puedo guardarte y me atolondro y tengo tanto miedo...
y construí puentes, bellos bellos puentes para que me encuentres... ¿vas a cruzar alguno?, y me da tanto miedo que tanto viaje y tanta cosa no hayan servido para nada y sigamos siendo los mismos y vuelva a pasar lo mismo y no sé que hacer para no ser la misma, porque a vos no te puedo cambiar, pero yo sí, yo quiero cambiar, yo quiero ser otra, yo quiero que no me duela, yo quiero aprender, yo quiero... yo te quiero
y escuchamos spinetta de la mano, y me contás el cuento del chancho, y cantamos a los gritos el oso, y leemos en la chimenea, y miramos películas y hace frío y llueve como antes. ¿y cuántas cosas entran en una cajita?. tres meses, que cortos, pero que largos tres meses que llenan la cajita y la rebalsan y por eso te escapás, rebalsás, es que sos tanto y yo sé tan poco que asusta, que el tío estuvo desaparecido, que todos plantan marihuana, que me tocó la noche, que estudiaste administración de empresas; y te miro y parece que no, que te conozco tanto, pero me faltan abismos y que vos acá y yo allá los hace más grandes y no quiero pero es lo que hay, y a ser fuerte y a bancársela y a aprender y a dejar de gastar llantos que pueden ser sonrisas.
¿cuántos abismos puede haber entre este abrazo y el próximo?
basta. a dejar de gastar llantos que pueden ser sonrisas.
un espejo de Tatiana Julia Verrastro Slaibi - 18:26
lunes, 12 de marzo de 2007
en un momento vas a ver que ya es la hora de volver (y ya es mañana)
supimos resbalar en cuenta regresiva, y esperemos
a este puto punto final lo sucedan otros dos*
*permiso, mi luna
un espejo de Tatiana Julia Verrastro Slaibi - 09:41
jueves, 8 de marzo de 2007
Así me preparo a ver lo mejor
- ¡Escuchá! ¡Escuchá el olorcito!
- ¿Qué? ¿Qué dices, tía? ¿Qué olorcito?
- El olorcito a mar, tonto.
- Qué boluda que sos. Obvio que va a haber olorcito a mar, estamos en una isla...
- ¡Ey! Sos un ortiba.
- Bueno, bueno che... ¿vamos a sentarnos allá?
- Sí sí, vamos. Calma, todo está en callllmaaaa.
- ¡Shhhhhhhhh, Nena! Que acá o se canta punchi o no se canta.
- Jajajajaja.
- ¡¡Mentira!! Que ayer estaban escuchando Diego Torres, y encima esos eran ibicencos. Y ahora callate que quiero escuchar el mar.
- Loca.
- Como mi madre. Sh.
- Mirá allá Tati, ¿ves?
- Guau. Guille, ¿vos venís seguido acá a ver el atardecer?
- No, Ta, yo estoy currando a esta hora... Y cuando no estoy currando estoy mirando la tele tirado en la cama... Mudo, ¿me pasás los puchos?
- Sí, tomá.
- ¿Hola? Te tildaste... ¿Qué pensás?
- Que entonces no te envidio.
- No es así, Tati... si viniese todos los días perdería su encanto.
- Un atardecer nunca pierde su encanto. A lo sumo el que lo pierde es el que lo mira.
- ¿Qué hacés?
- Lo guardo. Bien adentro. Lo guardo.
[Silencio. Mientras tanto, el sol se ponía en el mar; y yo lo guardaba en una cajita color arena, color sol y color mar, que ahora me da vueltas en la panza.]
un espejo de Tatiana Julia Verrastro Slaibi - 07:59
lunes, 5 de marzo de 2007
sólo queda verse a uno mismo (de porque soy luna, soy sol, y en realidad sólo soy agua)
El lobo y el hombre, el ying y el yang, innumerables duplas que se complementan, y que no son nada sin su otra mitad. Así, yo tengo al sol y a la luna. Desde hace años, las dos me guían, me llaman, se me aparecen en los lugares menos esperados y pasan a formar parte de mí. A veces yo misma soy una o la otra. Pero todo depende desde dónde se lo mire.
Lo que soy, y no puede entrar en duda, es agua. Eso sí que lo soy a flor de piel. Toda agua.
Mis últimos días fueron pura agua, sol y luna. Y ahí entendí. No soy ni la luna y el sol. Soy su reflejo. Su espejo.
Por eso soy las dos, y en realidad soy sólo agua.
un espejo de Tatiana Julia Verrastro Slaibi - 21:26
martes, 27 de febrero de 2007
Des-bor-da-dí-si-si-si-ma
necesito un té de tilo y menta fifty-fifty. y una cajita de ohms.
demasiado corto.
demasiado largo.
demasiados intentos.
demasiada enervación.
demasiado todo.
demasiada paranoia.
demasiados celos.
demasiado miedo.
demasiado nuevo.
demasiado viejo.
demasiados cambios.
demasiados demasiados.
un espejo de Tatiana Julia Verrastro Slaibi - 19:18
domingo, 25 de febrero de 2007
Ite por donde has venido
- Son épocas puentes en que se cambia de órbita.-
¿Qué es la depresión?
un espejo de Tatiana Julia Verrastro Slaibi - 20:52
miércoles, 21 de febrero de 2007
Largarse a llorar
Se subió al tren. Tenía cien mariposas en la panza. Le hacían cosquillas. Esas cosquillas de nervios que da viajar. Eligió el asiento, se acomodó y se puso los auriculares. yo tuve el mundo a mis pies. Cien se transformó en mil. En miles. Dos días atrás esa frase tan suya se había transformado adelante de sus ojos. Y de las miles de sensaciones, de sentimientos; de los miles de significados que se encerraban para ella en esa canción, en esas palabras, nació uno nuevo.
- Y si, no es lo mismo. Sabés, a mí me gustó mucho esa frase que tenés en el chat... "yo tuve el mundo a mis pies y no era nada sin ti". Me sentí muy identificado. A mí me pasó eso. En el '86 hice un viaje bellísimo, por Europa. Pero solo. Era ver las cosas más increíbles que vi en mi vida y no tener a nadie al lado para decirle: "Mirá, mirá eso!". O simplemente para ver en los ojos de un otro todo eso que yo estaba sintiendo.
Cuando escuchó eso se sintió TAN bien. Por fin alguien la había entendido. Por fin encontraba otra cosa que el "pero boluda! estás en Europa!". No era tonta... Sabía que estaba en Europa. Pero no era tan fácil todo. Y de la boca de un ajeno a su vida, ella encontró la comprensión. Y ahí fue cuando de todos los gusanos que tenía en la panza, empezaron a nacer las mariposas. I'm not the only one, I'm not the only one.
El tren se puso en marcha. Y entre la música escuchó: “Bon Giorno, il treno con la destinazione a Venezia arriverà a las 11:03”. Eso la trajo un par de minutos a la tierra.
Estaba contenta. Cientos de miles de mariposas. En un par de horas iba a vivir esas cosas que se guardan para toda la vida. Y lo sabía. Tenía tiempo para armar esas cajitas de papel que a ella le gustaban tanto, elegir los colores, hacer cuadrados perfectos, doblarlos con cuidado, armarla con paciencia. Estaba haciendo la cajita que iba a recibir a esa experiencia, que iba a archivar esos recuerdos. Y era totalmente consciente de eso.
Una vez vi que no cantabas, y no sé por qué, si tienes voz, tienes palabras, dejalas caer. Pucha, que extrañaba cantar. Extrañaba la música, su música de Buenos Aires. Tirarse horas, días en la cama, a escucharlos, a escucharse. Extrañaba sus domingos que aunque fuesen nublados siempre eran de Sol y de Luna, y donde por un rato todos esos sueños inalcanzables se hacían, no sólo probables, sino también tangibles; domingos de eclipse, que juntaban al sol y a la luna en una misma mesa; único momento de la semana en el cual abrir los ojos y darse la cabeza contra la pared era siempre, aunque fuese en el fondo, agradable, era siempre un paso hacia delante. Sus tantos atardeceres Violetas, naranjas, que siempre tenían un mate, un chuby y un poco de internet; que para sacarla de la casa había que hacer grandes grandes esfuerzos, pero que siempre daba sus frutos. Sus Lus, y Palomas, y Sofías y Victorias, que siempre a su manera estaban ahí, al pie del cañón. Sus los chicos. Su mamá Torvi (también era mamá de ella) que cuando iba a visitarla le preparaba la ensalada y siempre que estaba en su casa terminaba lavando los platos; y que se le aparecía a las 3 de la mañana buscando un techo y una oreja. Su piltrafa que quería un clarinete y que desde que se había ido le decía a la distancia "metele chango, metele fuerza y maña" (por fin se lo había aprendido) y aunque viniese con poca sopa y poco danonino, siempre le hacía bien. Su bichito de luz, que le calentaba las manitos heladas, le hacía mimitos, la llevaba a tomar milk shakes, y sobre todo, la quería mucho; eso también le hacía bien. Sus beatles en casa, que querían seguir en el mismo colegio que ella, y que en el fondo, se querían tanto. Su catalín bombero, catalín bombón; que cuando le preguntaba si le estaba cuidando la pieza le contestaba "más o menos..." Sus conversaciones de mañana con mamá, que entre mate y mate siempre la hacían salir corriendo. Sus conversaciones de noche con Jorge.
Sí, todo eso no le entraba en la valija. Pero eso ya no la ponía triste. Ya había aclarado la situación con su papá y los dos habían entendido que una vida no está hecha para viajar en avión, y que eso se solucionaba alternando las visitas. De hecho, hasta la ponía contenta. En una de esas, podía vivir un mes, una semana, sin un te extraño, sin ningún pasando el mar ( y sin ningún y te olvidás), del mismo lado de la luna ( sin el siempre, pero algo es algo). En un momento vas a ver que ya es la hora de volver, pero trayendo a casa todo aquel fulgor, y ¿para quién?. Y en Buenos Aires siempre iba a tener a quién volver. En casa la estaban esperando todos sus para quienes.
Laura ve, aunque es grande su vida comienza aquí, y a la vez, termina su sed de la espera. Estaba en Europa. Había visto el vaso, el plato, el sillón, la tele, la puerta, la llave... había visto a su papá. Había visto a su cuña y a su hermano, había vuelto adonde la quieren sin que vuelva. Antes de ayer estaba en Amsterdam. Estaba en la casa de Ana Frank, en el museo de Van Gogh, en el barrio rojo, en plantaciones de marihuana, en ese museo que jamás iba a aprender a pronunciar, patinando con suelo de hielo y cielo de nieve. Fast as you can, fast as you can, fast as you can. Antes de ayer también estaba en el Duomo, en la Scala de Milano. Ayer estaba en la Universidad de Bolonia, en el primer aula de anatomía del mundo. También estaba en una torre con el mundo a sus pies, mirando desde arriba. También estaba con Pedro, que era un pellizco constante. Y hoy estaba en el tren yendo al carnaval de Venecia.
Ya la luna baja en camisón, a comer con dos palitos el aloz. Ya la luna en puntas de pie, en una tacita china toma té. De repente se acordó de la tetera. Se acordó del departamento. Se acordó de todas las discusiones que la esperaban en su casa. Eso le dio más ganas de aprovechar al máximo esos días.
Se dio cuenta de que todo el viaje hasta la estación de tren se había estado diciendo a sí misma que no iba a escribir, que iba a mirar por la ventanilla. Luna obnubilada de tanto rondar y andar y andar y andar y andar, ya es la madrugada, largate a llorar. Cuando escuchó esa frase volvió en sí. Estaba llena de mariposas. Era eso. Estaba obnubilada y sus lágrimas eran palabras. Y su agua era la tinta. Y apenas se acomodó en su asiento empezó a llorar... "Se subió al tren. Tenía cien mariposas en la panza... ".
un espejo de Tatiana Julia Verrastro Slaibi - 21:33
martes, 20 de febrero de 2007
Volví
Había pasado siete años de su vida con Teresa y ahora comprobaba que aquellos años eran más hermosos en el recuerdo que cuando los había vivido.
El viaje, hermoso
pero que lindo poder andar en medias por la casa
que lindo no tener que decir todo el día "no, no, no quiero nada, si quiero no te preocupes que me agarro"
que lindo no tener que hacer esfuerzos para entender, ni que te entiendan (aunque esto último no sea tan así... las palabras todavía me salen en cuatro idiomas)
que lindo dormir lejos de todos, y poder leer hasta muy muy tarde, y poder levantarse a la hora que quieras
que lindo tener música de vuelta
que lindo es mostrar las fotos, y contar los lugares, y acordarse
definitivamente, la parte más linda de mi viaje
un espejo de Tatiana Julia Verrastro Slaibi - 20:26
sábado, 17 de febrero de 2007
un espejo de Tatiana Julia Verrastro Slaibi - 19:15
domingo, 11 de febrero de 2007
martes, 6 de febrero de 2007
Y eso es lo que quiero, besos.
Que todas las mañanas me despierten de esos,
que sea por la tarde y siga habiendo besos.
Y luego por la noche hoy me den más besos pa cenar.
Me voy mañana a las tres de la tarde. Hasta la vuelta. O no.
un espejo de Tatiana Julia Verrastro Slaibi - 19:29
sábado, 3 de febrero de 2007
...
- Ana, mirá... quería decirte que... eh... nada, que el viaje, si es que se hace a Barcelona, me gustaría que fuese de papá solo... no es nada contra vos, ni nada por el estilo... además Barcelona es algo que les queda cerca, y pueden volver en cualquier momento... Además vos ya lo conocés... ¿Sabés que pasa?... Nunca me fui de vacaciones con papá... Nunca jamás... Ni a la costa, ni a Chascomús, ni a Brasil, ni a Bariloche... Y... Nada, me parece que es un buen momento para empezar a hacerlo, ¿no?
claro... decirlo acá es muy fácil...
puta madre
un espejo de Tatiana Julia Verrastro Slaibi - 06:48
miércoles, 31 de enero de 2007
de cómo cada cosa a cada cual, y a cada tiempo
para entender esta historia, es necesario saber que me apellido Verrastro.
Fue un verano raro.
Lindo, pero raro.
Nos dedicábamos a leer. Estábamos en Villa Gesell con mi prima. Nos levantábamos temprano, íbamos a los negocios de libros usados, dábamos vueltas y vueltas, elegíamos un par de libros y nos tirábamos en la playa a devorarlos. Después, los intercambiábamos. Y volvíamos a empezar.
Hubiese sido todo más o menos normal, pero a mí se me metió en la cabeza, después de una larga conversación sobre escritores alemanes con mi prima, que los estudió exhaustivamente junto con el idioma en la secundaria, leer El lobo estepario, de Herman Hesse.
En nuestra siguiente visita a las librerías, lo busqué particularmente.
No, entre los libros a la vista no estaba.
Me acerqué al mostrador con El beso de la mujer araña en la mano y le pregunté a un chico que estaba atendiendo si lo tenía.
"No, se acaban de llevar el último que había".
Ya había pagado, y me estaba yendo, cuando un viejo bajó una escalera que estaba en local y me llamó...
"Ey! vos estabas buscando El lobo estepario, ¿no?. Tengo uno arriba, en mi casa, lo subí para envolverlo porque es viejo y acá toquetean todo, y siempre me olvido de bajarlo... Medio que me encariñé. ¿Lo vas a cuidar?, si lo vas a cuidar te lo bajo". Medio atontada le contesté que sí, que claro que lo iba a cuidar.
Nos quedamos esperando a que volviera. "Te lo voy a dejar baratito, me caes simpática. Lo acabo de envolver, esta sanito por adentro, no te preocupes".
Como estaba envuelto, no lo pude hojear. Empecé por El beso de la mujer araña, y no se bien por qué, no abrí la envoltura del Lobo hasta que decidí leerlo.
En las 3 primeras hojas decía
Desde ese momento supe que mi relación con ese libro iba a ser especial. Me lo tragué en un día, casi sin masticarlo.
Cuando volví a Buenos Aires, le pregunté a mi abuela si sabía quién era. Me dijo que no, que no sabía.
Este verano, cuatro años después, me agarraron ganas de releerlo.
Me lo traje a España, a la casa de mi papá.
Hoy, en el instante en que estaba leyendo la última página, sonó el teléfono. Estaba sola, así que me tuve que levantar a atender.
Era mi abuela.
Quería saber como se llamaba la persona esa que estaba escrita en el libro, si me acordaba, que había encontrado una carta de mi abuelo, fallecido hace más de 15 años, a una tía que ella no conocía, una tal Elsa.
Una relación muy especial.
un espejo de Tatiana Julia Verrastro Slaibi - 09:32
lunes, 29 de enero de 2007
Conservación de los recuerdos
Los famas para conservar sus recuerdos proceden a embalsamarlos en la siguiente forma: Luego de fijado el recuerdo con pelos y señales, lo envuelven de pies a cabeza en una sábana negra y lo colocan parado contra la pared de la sala, con un cartelito que dice: «Excursión a Quilmes», o: «Frank Sinatra».
Los cronopios, en cambio, esos seres desordenados y tibios, dejan los recuerdos sueltos por la casa, entre alegres gritos, y ellos andan por el medio y cuando pasa corriendo uno, lo acarician con suavidad y le dicen: «No vayas a lastimarte», y también: «Cuidado con los escalones.» Es por eso que las casas de los famas son ordenadas y
silenciosas, mientras en las de los cronopios hay una gran bulla y puertas que golpean. Los vecinos se quejan siempre de los cronopios, y los famas mueven la cabeza comprensivamente y van a ver si las etiquetas están todas
en su sitio.
un espejo de Tatiana Julia Verrastro Slaibi - 20:10
sábado, 27 de enero de 2007
pequeñas delicias de la vida conyugal (de mi padre)
ODIO QUE USES MIS COSAAAAAAAAAAAASSSSS
sobre todo si no las pedís
Y ENCIMA FUMÁS Y ME LAS LLENAS DE OLOR Y NO SE VA MÁS DE UNA BUFANDA Y MENOS SI ES DE TELAR Y CADA VEZ QUE LA LAVÁS SE ARRUINA MÁS, NO ENTENDÉS?????????????????
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaajjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjj
ódiote bastante demasiado un montón
un espejo de Tatiana Julia Verrastro Slaibi - 18:34
viernes, 26 de enero de 2007
Hubo un tiempo en que las hadas poblaban los cielos y las serpientes los prados. Ese equilibrio duró hasta que las serpientes desarrollaron alas y alzaron vuelo. Entonces, las hadas huyeron a refugiarse en la tierra y de este modo fueron perdiendo la capacidad de volar.

Ese pequeño conflicto se vió resuelto cuando apareció el hombre y acabó con hadas y serpientes aladas.
un espejo de Tatiana Julia Verrastro Slaibi - 11:53
lunes, 22 de enero de 2007
Presente
De nuevo perdí a ruta,
navego por los desiertos,
camino por mares muertos,
la noche entera se enluta
El sol se metió en su gruta,
los mares se hunden mojados
yo soy un nervio de atados
un llanto largo y profundo
no sé porque me confundo
con tus amores cansados
no sé porque es más díficil hablarte cuando me escuchás
De noche muestra la luna
su rostro alumbrado y triste
el cielo al fin se desviste
la muerte mece su cuna
Que al fin la mala fortuna
se vaya a dormir una rato
se quite traje y zapatos y olvide de mi existencia
que yo frente a su sentecia declaro mi desacatomás de cuatro años esperando esto, más de un día de viaje sólo para verte, más de un te extraño que SIEMPRE se va a quedar del otro lado del mar
La vida es viaje fecundo,
es puentes hacia los otros
volaste el que había en nosotros
te fuiste por esos mundos
y no es que te olvidaste del nuestro, es que no te querías acordar, no querés llorar
El frio cayó rotundo
su olvido mostró los dientes
no sabes como se siente tener este miedo mudo
pasado el sueño a futuro no sé vivir el presenteun presente con principio y final, que se acaba, y que no vuelve, que no hay que dejar pasar, y que, aunque sea a la fuerza, hay que exprimirlo, porque este presente tiene que alcanzar para todos los presentes de mi vida
un espejo de Tatiana Julia Verrastro Slaibi - 10:50

